Más de 25 años después de que el misionero australiano Graham Staines y sus dos hijos pequeños fueran quemados vivos por una turba nacionalista hindú en India, el caso vuelve a estar en el centro de la atención pública por el pedido de liberación anticipada del principal condenado.

Rabindra Kumar Pal, más conocido como Dara Singh, cumple cadena perpetua por el asesinato de Staines y de sus hijos Philip, de 10 años, y Timothy, de 6. El crimen ocurrió en enero de 1999, en el estado de Odisha, y se convirtió en uno de los casos más emblemáticos de violencia anticristiana en India.

Ahora, Singh busca obtener la remisión de su condena y salir de prisión después de más de 26 años detenido. La Corte Suprema de India volvió a exigir al gobierno estatal de Odisha que tome una decisión sobre su pedido, luego de sucesivas demoras en el proceso.

El caso provoca una profunda tensión: por un lado, el sistema judicial debe evaluar si corresponde aplicar las normas de liberación anticipada; por otro, la comunidad cristiana recuerda la brutalidad de un asesinato que marcó para siempre la historia de la Iglesia en India.

Una viuda que vuelve a elegir el perdón

En medio de la nueva audiencia judicial, Gladys Staines, viuda de Graham y madre de Philip y Timothy, volvió a expresar una postura que conmovió al mundo desde los primeros años del caso: el perdón.

Consultada por Christian Daily International sobre la posibilidad de que Dara Singh sea liberado, Gladys dijo que había escuchado sobre el proceso, pero reiteró que continúa siguiendo la enseñanza y el ejemplo de Jesús.

“Continúo perdonando”, afirmó.

También recordó lo que ya había expresado públicamente en 2003: que había perdonado a los asesinos y no guardaba amargura, porque el perdón trae sanidad y la tierra necesita sanidad.

Para Gladys, el perdón no nace de minimizar el crimen, sino de su fe en Cristo. Según expresó, Dios la perdonó en Cristo y espera que Sus seguidores también perdonen.

Al mismo tiempo, aclaró que no hará comentarios sobre el curso legal del caso y que no planea emitir nuevas declaraciones tras la audiencia.

La Corte Suprema presiona a Odisha

El pedido de liberación anticipada de Dara Singh fue presentado ante la Corte Suprema en 2024, después de haber pasado más de 26 años en prisión.

Desde entonces, el asunto fue postergado en varias ocasiones para permitir que el gobierno de Odisha resolviera el planteo a través de su Junta Estatal de Revisión de Sentencias.

El 19 de agosto, la Corte ya había señalado que el caso se había aplazado repetidamente para que las autoridades tomaran una decisión. El tribunal remarcó que Singh llevaba más de 26 años encarcelado y exigió una respuesta clara.

Según medios judiciales indios, la Corte expresó su malestar por las demoras y advirtió que no podía tolerarse que el Estado evitara decidir indefinidamente.

Este 8 de septiembre, el tribunal volvió a presionar al gobierno de Odisha y advirtió que podría convocar a funcionarios si no se toma una decisión. El caso fue listado nuevamente para el 17 de septiembre, fecha para la cual el Estado deberá informar qué resolvió sobre el pedido de remisión.

El crimen que estremeció a India

Graham Staines llegó a India en 1965 para servir en una misión cristiana dedicada a personas afectadas por lepra en Mayurbhanj, Odisha.

Décadas más tarde, su trabajo social y misionero fue atacado por sectores nacionalistas hindúes, que lo acusaban de convertir tribales al cristianismo. Staines y su esposa Gladys servían no solo en el hogar para enfermos de lepra, sino también en iglesias locales y campamentos cristianos.

La noche del 22 de enero de 1999, Graham Staines y sus hijos Philip y Timothy dormían dentro de una camioneta en la aldea de Manoharpur, en el distrito de Keonjhar, después de participar en un campamento cristiano.

Una turba rodeó el vehículo. Según las investigaciones judiciales, el grupo atacó a Staines y a sus hijos, los obligó a permanecer dentro de la camioneta, roció el vehículo con kerosene y le prendió fuego.

Los tres murieron quemados vivos.

El asesinato provocó condena internacional y quedó grabado como uno de los episodios más brutales de violencia contra cristianos en India.

Del juicio a la cadena perpetua

La Oficina Central de Investigaciones de India arrestó inicialmente a 51 personas por el crimen.

Con el paso de los años, los tribunales absolvieron a la mayoría de los acusados. En 2003, un tribunal especial condenó a muerte a Dara Singh y dictó penas de prisión perpetua para otros acusados.

Luego, el Tribunal Superior de Orissa absolvió a varios condenados y conmutó la pena de muerte de Singh por cadena perpetua. La Corte Suprema confirmó esa condena en 2011.

Singh ha permanecido encarcelado desde entonces.

Su defensa sostiene que cumplió más de dos décadas en prisión y que debe ser considerado para liberación anticipada conforme a las políticas penitenciarias del estado.

El proceso actual no implica revisar nuevamente la culpabilidad por el crimen, sino determinar si corresponde o no concederle remisión de condena.

Otro condenado ya fue liberado

El caso volvió a ganar atención en abril de 2025, cuando las autoridades de Odisha liberaron a Mahendra Hembram, otro de los condenados por el asesinato, después de 25 años de prisión por buena conducta.

Hembram fue recibido por simpatizantes con guirnaldas y consignas religiosas hindúes, lo que generó indignación en sectores cristianos.

Algunos líderes señalaron que la forma en que fue celebrado un hombre condenado por un crimen tan atroz mostraba la normalización de la violencia anticristiana en ciertos sectores nacionalistas.

Para la comunidad cristiana, la posible liberación de Dara Singh reabre una herida que nunca terminó de cerrar.

Un perdón que no borra la justicia

La postura de Gladys Staines sigue siendo uno de los testimonios cristianos más impactantes vinculados a este caso.

Después del asesinato de su esposo y sus hijos, decidió permanecer en India y continuar sirviendo en el hogar para personas con lepra donde Graham había trabajado.

En 2005, el gobierno indio le otorgó el Padma Shri, una de las distinciones civiles más importantes del país, en reconocimiento a su servicio social.

Años después, también recibió el Premio Memorial Madre Teresa por la Justicia Social.

Su perdón fue recibido como una señal profundamente cristiana en medio del horror. Pero ese perdón no elimina las preguntas sobre justicia, responsabilidad y memoria.

Perdonar no significa negar el crimen. Tampoco significa que la sociedad deba olvidar el peligro de la violencia religiosa ni ignorar el sufrimiento de las víctimas.

El perdón cristiano mira a Cristo. La justicia pública, en cambio, debe proteger a los vulnerables, frenar la impunidad y afirmar que ninguna vida puede ser destruida por odio religioso.

India y la presión sobre los cristianos

El caso de Graham Staines sigue resonando en un contexto donde los cristianos en India enfrentan crecientes presiones.

En distintos estados, iglesias y pastores denuncian hostigamiento, acusaciones de conversiones forzadas, ataques de grupos nacionalistas y leyes que restringen la libertad religiosa.

El asesinato de Staines ocurrió hace más de un cuarto de siglo, pero muchas de las tensiones que lo rodearon siguen presentes: sospechas contra la evangelización, hostilidad hacia misioneros, presión sobre comunidades tribales y uso político de la identidad religiosa.

Para los creyentes, la historia de Graham, Philip y Timothy no es solo un recuerdo del pasado. Es una advertencia sobre lo que puede ocurrir cuando el fanatismo religioso se mezcla con impunidad y propaganda.

Una herida que todavía habla

Gladys Staines perdió a su esposo y a sus dos hijos en una de las formas más crueles imaginables.

Sin embargo, respondió con una fe que desarmó al odio: eligió perdonar, seguir sirviendo y no guardar amargura.

Hoy, mientras el principal condenado busca salir de prisión, su testimonio vuelve a interpelar a la Iglesia y al mundo.

La historia recuerda que el cristianismo no predica una gracia barata ni una justicia vengativa. Predica una cruz donde el perdón es real, pero donde el mal también es llamado por su nombre.

Graham Staines entregó décadas de su vida sirviendo a personas marginadas por la lepra.

Philip y Timothy murieron siendo apenas niños.

Su memoria no debe ser usada para alimentar odio, pero tampoco puede ser enterrada bajo el silencio.

Mientras la Corte Suprema exige una decisión y Odisha evalúa el futuro de Dara Singh, la voz de Gladys vuelve a levantar una verdad difícil y profundamente cristiana: el perdón puede traer sanidad aun después del horror.

Pero la sanidad de una nación también exige verdad, memoria y justicia.