Más de dos meses y medio después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 asolaran la zona de la costa central de Venezuela, las cifras oficiales hablan de más de 6,500 muertos, y miles de desplazados y desaparecidos.
Todavía queda mucho por hacer, para reconstruir todo lo que quedó destrozado y sobre todo para dar apoyo a todos aquellos que lo perdieron todo.
Organizaciones cristianas como World Vision continúan ayudando sobre el terreno, especialmente a la infancia, que son los más vulnerables.
Protestante Digital ha hablado con Mishelle Mitchell, directora Regional de Incidencia, Participación Externa y Comunicaciones de World Vision en América Latina y el Caribe, que acaba de estar en Venezuela; y con Joao Diniz, director regional de World Vision en América Latina y el Caribe, sobre la situación actual del país y la labor que está llevando a cabo allí la organización.
Pregunta. ¿Ante tragedias como las de Venezuela y Colombia, ¿cómo opera una organización como World Vision para actuar?
Respuesta. Primero, es importante entender que World Vision es una organización cristiana, y que nuestra misión es proteger la dignidad y la vida de niños y niñas en los diferentes contextos, y para eso siempre trabajamos desde las comunidades locales.
En el caso de Venezuela, estamos ahí desde 2019 apoyando la crisis migratoria, y ya tenemos una red llamada “Esperanzas en fronteras”, de más de 2.000 líderes cristianos de iglesias diferentes.
Por eso, cuando vino el terremoto, que para nosotros es una tragedia dentro de otra, las propias iglesias, aunque afectadas, fueron las primeros en responder.
Empezamos con un “árbol de información”: cuando el terremoto, casi todos estaban viendo el Mundial, y lo primero fue asegurarse de que todo el mundo estaba a salvo, después vino el proceso de evaluación, ver donde están las necesidades y cuales son las prioridades, que se hizo a una velocidad impresionante.
Algunos colegas, como la gerente de comunicaciones o nuestra directora de programa, tuvieron que evacuar sus edificios porque quedaron inhabitables, y a la vez estaban gestionando lo que se tenía que hacer.
Horas después del terremoto, ya estábamos enviando 30 motocicletas con 30 médicos, para dar esa atención primaria en un área donde no había ni siquiera acceso, pero World Vision ya estaba en terreno y pudo ayudar.
Esto no es una carrera de velocidad, es una maratón, lo que tardó décadas en construirse ahora va a tardar décadas en volverse a levantar.






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